El trazo inevitable

ATRÁS

 

Centrada esencialmente en la pintura y el dibujo, pero con exitosas incursiones en los vastos territorios del grabado, la obra de Dean Gazeley sortea las oscilaciones del tiempo y asume como doble aspiración la convincente frescura del instante y la dura consistencia de lo eterno, pareja singular que en sus cuadros deja de ser paradójica o siquiera contradictoria.

Tal impresión de búsqueda de lo intemporal a que su obra nos arroja, esa inmediata y repetida convicción de que persigue aquello que no se modifica y pertenece al ámbito de las esencias, son explicables en Dean Gazeley tanto por las desnudas verdades de su razón artística como por los principios elementales que orientan su vida.

En unas y en otros, la lección de la naturaleza resulta indispensable, pues, como ha anotado la crítica, para Gazeley “la vastedad de la naturaleza y sus formas ha sido siempre (y es) la fuente básica de su enriquecimiento creativo”; no el modelo que imita sino la fuerza que aspira a repetir en sus procedimientos de constitución de la belleza.

Para él, el proceso de la pintura no puede ser diferente del que la naturaleza asume al componer sus elementos: un proceso -como lo han constatado, sin agotar por ello su misterio, el saber occidental tanto como el saber oriental- gobernado por el rigor, por la necesidad interna, por la condensación de funciones o de significados conseguidos con la mayor economía de medios posible. En una palabra, por el carácter inevitable de su ocurrencia, como lo describió Angelus Silesius cuando anotó: “La rosa sin vanidad, florece porque florece”.

De ahí que la pintura de Gazeley refleje siempre esa economía, esa ausencia de vanidad, o dicho de otro modo, esa parquedad esencializante que al mismo tiempo consigue evocar el núcleo de rasgos comunes a una especie completa (la humana, por ejemplo) que los gestos específicos emanados de cada forma individual, de cada cuerpo capturado. Ese difícil equilibrio de la expresión pictórica en donde un trazo menos haría visible la carencia, y en donde un trazo más descubriría el exceso.

De su producción en distintos registros artísticos ha escrito el también pintor y poeta José Ignacio Maldonado: “La obra de Dean Gazeley refleja un profundo conocimiento de las leyes del dibujo y la pintura; de hecho, Dean parte de la academia decimonónica hacia una exploración en donde la estructura (la cimentación de la composición en el desciframiento de los patrones naturales) lo determina todo: la perspectiva, los giros de los cuerpos, los reflejos y las refracciones de la luz (el color mismo) y el misterio que agrega la atmósfera al conjunto. Hay algo asombroso en lograr que la mera gravedad o ingravidez de los cuerpos determine el significado”

Residente en la ciudad de Guanajuato desde 1996, Dean Gazeley nació en 1960 en Vancouver Island, Canadá y realizó sus estudios en técnicas de pintura clásica en la École Albert Defois, de Anjou, Francia, centenaria academia en la que recibió las enseñanzas del prestigiado maestro Ted Seth Jacobs.

Sus pinturas y grabados se han expuesto en museos públicos y en galerías de Canadá, Francia, Estados Unidos y México.

La parte de su obra, por lo demás importantísima, dedicada al retrato, podrá ser vista próximamente en Guanajuato, en una exposición con carácter retrospectivo que habrá de instalarse en el Museo Casa Diego Rivera, muestra en la cual se exhibirán -juntas por primera vez- las piezas pertenecientes a coleccionistas mexicanos y extranjeros y las que obran en el acervo del autor.

 

Carlos Ulises Mata

Guanajuato, Gto., 2002

 

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